El comienzo del #ellaviajasola

23 01 2014

Creo que si alguien me preguntara por qué me gusta viajar, podría contestar tranquilamente que es porque me gusta la diferencia. Mis vacaciones de 2013 serían por dos meses en Asia, terminaron siendo tres meses y agregando unas cuantas ciudades europeas por ahí (cuando le dije a mi madre que el viaje se alargaba casi se murió). Supe que debía conocer Asia desde mi primer viaje a Europa. En ese tiempo Chile estaba lleno de “chilenos”, país fome sin diversidad de razas, así es que en Europa viví algo que no sabía que existía; gente y culturas diferentes, todos los países del mundo juntos, en un solo lugar y cada vez más integrados. Ahí me dije de inmediato que quería conocer más de este mundo lleno de razas distintas, ya que no es sólo el idioma, es la contextura y forma de la gente, a eso le sigue el comportamiento tan distinto también entre un país y otro, si hasta entre una ciudad y otra a veces cambia todo. He recorrido mucho Bolivia, Ecuador y Perú por trabajo y vacaciones y aunque somos vecinos, somos tan diferentes y eso me encanta.

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Laos, marzo 2013. Elena, amiguita de Suiza con niño laosiano.

Comienzo a escribir de mis vacaciones un año después de haberlas tenido. Trabajo en turismo pero no me dedico a escribir de viajes, me “pagan por viajar” pero para hacer pegas relacionadas con la planificación y gestión turística de un territorio. Lo que implica hacer investigación, campañas en terreno, participación ciudadana, reuniones, metodologías, informes, etc. Así es como pasé todo el 2013 recriminándome por no tener el tiempo para escribir acerca de algo tan lindo como ese viaje (entremedio estuve en Nueva Zelanda, Australia y República Dominicana, así es que estoy llena de “pendientes”), reforzado además porque cada vez que le cuento a alguien de mi experiencia me hace saber que sería bueno traspasarla.

Tengo amig@s y conocid@s que posteaban cosas maravillosas en mi Facebook e Instagram cuando subía alguna foto, y muchos de ellos me decían que sabían que nunca podrían hacer un viaje como ese. Razones hay muchas: hijos, plata, tiempo, familia, miedo, por lo que me quedo con toda esa gente que siguió mi viaje y me agradeció estar conectada para poder mostrar un mundo que no podrán conocer, o para aquellos que les faltaba un “algo” para decidirse a hacerlo y quizás yo les aporté con un grano de arena.

Poca gente sabía que haría ese viaje; sólo familia, pega y cercanos. Nunca anuncio un viaje, me gusta comenzar a relatar el mismo día en que me voy y no dar la lata desde antes. Soy buena para tuitear, así es que sabía que debía tener una etiqueta o hashtag (#), la que surgió un día hablando con un amiguito por gtalk. Yo tenía pensado algo con “viaja sola” y él me dio la clave del “ella”, así es que el viaje se llamó #ellaviajasola.

Mi itinerario comenzaba en China, pero como sabía que mis últimos días, antes de volver a Chile, los pasaría en Alemania (Bonn) donde vive mi mejor amiga desde hace más o menos dos años, el pasaje lo compré Santiago – Frankfurt – Santiago. Y como muchas cosas en la vida, no fue hasta después de comprado el boleto, cuando comencé a programar las vacaciones, que me di cuenta que estaría un día completo en Sao Paulo.

Mi vuelo Santiago – Sao Paulo salía en la mañana del viernes 1 de febrero de 2013, así es que el taxi me pasaría a buscar a las 4 de la madrugada a mi departamento y OBVIAMENTE yo había pasado de largo, sin dormir. Soy independiente, dueña de una empresa que el año 2013 cumplió 10 años. Antes de estas vacaciones sólo había estado máximo un mes fuera en 2008 y 2009 –quedando la cagada en mi ausencia-, y ahora me iba dos meses. Así es que hasta media hora antes que el taxi pasara a por mí, había estado haciendo “cosas” para dejar lo más arreglado posible el futuro de los próximos dos meses de mi empresa.

Acá debo hacer una mención especial a las personas que permitieron que pensara, programara, y viviera tres meses de vacaciones!!!! Mi equipo; Gustavo, Andrea y Sara. Si ellos no hubiesen llegado a trabajar conmigo en algún momento, seguramente no estaría escribiendo de este viaje. De hecho cuando en Cambodia me convencí que debía quedarme un mes más, el primero que se enteró fue Gustavo, prácticamente le pedí permiso… así es que si están leyendo esto, gracias compañeritos, coleguitas y amiguitos.

La maleta. Nunca he sido muy de mochilas, me duele la espalda andar cargando todo eso. Me compré una maleta con ruedas (lejos lo más importante para mi), que se podía transformar en bolso en caso de ser necesario y una mochila que me duró con suerte una semana, le di más importancia al color (verde, mi favorito) que a su calidad. Durante el viaje terminé comprando más maletas y más mochilas según las necesidades del tipo de viaje que se venía.

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Mi última compra para el viaje la hice a las 23 hrs. del día anterior, o sea 5 horas antes de irme al aeropuerto… se me había olvidado comprar lo más importante: medicamentos!!! Me iba al paraíso de la malaria, fiebre amarilla, dengue y cuanta enfermedad húmeda existe. No sólo eso lo hice a última hora, sino que también las VISAS que estaba obligada a sacar en Chile y que eran para China e India. Para eso deben pensar que el pasaporte lo deben dejar mínimo cinco días en cada embajada -por lo que no se puede sacar las dos al mismo tiempo-, pero también programarse en función de cuándo llegarán a esos países, ya que las VISAS se sacan para viajar en los meses siguientes, por lo que tampoco puede ser con mucha anticipación. De hecho la VISA a India me la entregaron el jueves y yo viajé el viernes; mención especial al recepcionista de la embajada que fue de lo más amoroso y se apiadó de mí. Las vacunas me las puse todas en enero (en el vacunatorio de la Santa María), tuve que agregar la de la fiebre amarilla sólo porque pasaba por Brasil y en India (supuestamente) me la pedirían (nunca pasó, con suerte me miraron a la cara).

La “doctora del viajero” a la que fui me recetó las típicas pastillas para la malaria –Malarone- que cuestan un ojo de la cara, $3.500 aproximadamente cada pastilla, y yo necesitaba para dos meses. Investigué y conversé con amigos que habían ido (la mayoría me decía que no tomara nada, que es “pa’ puro asustar, no te va a dar malaria”… “CÓMO te va a dar malaria”, esto último salió obviamente de la @wickyalice) y finalmente decidí pedirle a mi médico de (más) confianza –el ginecólogo, obvio- que me recetara doxiciclina, porque él había estado en el sudeste asiático el año anterior y había tomado eso. ¿Que como sé que mi ginecólogo había estado en el sudeste asiático el año anterior y había tomado doxiciclina?, pues porque cuando me revisa cada seis meses sólo hablamos de viajes, yo creo que lo hace para que me relaje con lo que más me gusta en la vida (me refiero a viajar) y no piense en la incómoda posición que uno toma en ese momento… ok, creo que me desvié del tema.

Como estaba contando, todas esas pastillas, antibióticos, anti inflamatorios, viadiles, diarenes, omeprazoles, las fui a comprar cinco horas antes de irme. Ese día me había puesto de acuerdo con un amigo para despedirme antes del viaje así es que lo calcé buscando farmacias de urgencia por todo Providencia y Ñuñoa que tuvieran al menos una dosis de 40 pastillas de doxiciclina, ya que se deben comenzar a tomar como 10 días antes de llegar al destino. Fue difícil, pero lo conseguimos.

Eso deriva en un consejo; compre todo con un mes de anticipación, al menos. En la farmacia de urgencia aproveché de comprar algo que fue una de las cosas más útiles del viaje, toallitas húmedas. Ya sabía que pasarían cuatro días entre que saliera de Santiago y llegara a mi primer destino, así es que las compré para ese punto en particular, pero de verdad fueron sumamente útiles en todo el recorrido, para no andar tan incómoda en aeropuertos, viajes en buses en pleno Asia (que paran en casuchas en medio de carreteras para ir al baño) y muchos otros momentos.

Otra cosa que olvidé meter en la maleta al partir, fueron todos los libros que había seleccionado para el viaje. Sí, ya se dieron cuenta que soy una persona ocupada que no tuve tiempo de preocuparme de detalles antes de viajar… o lisa y llanamente soy una volada (ahora tengo iPad y ahí leo todo, ese no se me olvidará nunca). Así es que en Pudahuel me compré el libro que me habían recomendado, debido al contexto, pero que yo no estaba segura de llevar “comer, rezar, amar”. Obviamente es un libro para un viaje, no para comprender cómo derrocar el hambre en el mundo. Sólo había visto la película y el libro resultó ser bastante bueno, sobre todo porque se trata de un viaje, aunque con un objetivo absolutamente diferente al mío. Pero rescatable. En algún momento pensé en comprar 50 sombras de Grey, pero decidí drásticamente sacar esa idea de mi cabeza. ¿Por qué? Porque viajaba SOLA, así es que habría andado demasiado “en fuego” todo el tiempo. El “comer, rezar, amar” lo terminé de leer en la mitad del viaje, así es que me tuve que comprar otros libros, en inglés obviamente.

La verdad es que viajar a Asia jamás tuvo como objetivo “encontrarme a mí misma”, que sí lo era de la protagonista del libro. Tengo súper claro como soy y todas las cosas que me han pasado en la vida las he superado sin la necesidad de viajar. Además, siento que si alguien cambia su personalidad en un viaje es porque nunca la tuvo muy definida. Lo que más me sirvió de este viaje fue “estar sola” y a chorrocientos mil kilómetros de mi casa, de mi seguridad, de una llamada para tener a alguien a mi lado. Es increíble, todo depende de ti, lo bueno y lo malo. La libertad. Cada decisión que tomas es sólo tuya, te afecta sólo a ti y con lo protectora que he sido siempre de mi familia necesitaba eso, así es que lo aproveché al máximo, tanto que durante las primeras semanas me arrancaba de la gente… sí, me arrancaba, evitaba hacer amiguitos. Después no lo pude evitar, comenzó el mochileo, y agradezco a cada persona que conocí, los recordaré siempre.

Superé esa noche de compras, trabajo y decisiones. Llegué a Guarulhos (Sao Paulo) vía LAN. Aporte “técnico”: es un aeropuerto muy feo, sin gracia, con restaurantes malísimos, por lo que si puede evitarlo, hágalo, a mí solo me hizo feliz comer pao de queijo y tomar guaraná, por lo que pasé gran parte del día haciendo eso. Lo bueno: tiene internet gratis e ilimitado en casi todas partes. Solo al final del día descubrí que hay un spa en el que podría haber pasado un par de horas, no averigüé precios, pero quizás es una posibilidad cuando se viene de vuelta, más que cuando comienzas el viaje.

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Luego de estar todo el día en Guarulhos, salió mi vuelo a Frankfurt con TAM. No me puedo quejar, era un avión moderno así es que pantalla individual, comida y vino, que es lo que agradezco en un vuelo. Los sobrecargos atienden bien y como fue un vuelo de noche, tomé la pastilla de rigor y las 13 horas pasaron, bueno, literalmente volando.

El aeropuerto de Frankfurt es una verdadera ciudad. Ahí me percaté de otro error, no me había acordado de imprimir el pasaje de salida de Frankfurt, vuelo que sería esa misma noche. Así es que tuve que hablar un buen rato con el policía alemán para que me creyera que yo quería ir a Asia y no quedarme de inmigrante en su país. En todo caso nunca pensó eso, pero necesitaba que yo le mostrara algo y como todo lo tenía en mis cuentas de mail y no tenía Internet, fueron minutos incómodos. Lleve impreso todos los pasajes, reservas hoteleras, fotocopia pasaporte, etc… hará más expedita cada pasada por aeropuertos.

En ese aeropuerto tienes 30 minutos gratis de internet una vez al día. Encontré una ducha, estaba mala la del baño de mujeres, así es que me tuve que meter a la de hombres, pero no hay problema porque es una habitación cerrada, privada y bastante grande (6 euros). Te pasan toallas limpias e incluso hay jabón y shampoo adentro y todo está a cargo del personal, que obviamente no son alemanes; turcos por lo general. El resto del día caminé, vitrinié, comí y compré. En fin, debo haber estado en total más de 12 horas y seguramente no conocí todo el aeropuerto.

Llegó el momento de irme de Frankfurt. Cuando programé el viaje sabía que China sería mi primer destino, pero al momento de comprar el pasaje Frankfurt – Shanghái, que había decidido sería la primera ciudad, me di cuenta que cabía la posibilidad de estar en Moscú un día, llegando al aeropuerto Sheremetyevo -un capricho que valía la pena-. Para eso tendría que tomar un vuelo Aeroflot la noche del 2 de febrero, llegando el 3 de madrugada a la capital rusa, donde pasaría todo el día para tomar en la noche la conexión a Shanghái. Estuve como dos semanas “mirando” este pasaje y “pensando” si lo compraba. En algún momento desapareció ese boleto, me dio rabia por ser tan pava… pero a la semana después volvió a aparecer. Lo compré de inmediato y me hizo decidir ya no “pensar” tanto. Aeroflot tiene su sitio en español, así es que es fácil registrarse y comprar.

Cuando llegó el momento de subirme al avión que me llevaría a Rusia, recién tomé conciencia de lo lejos que viajaría y me emocioné. Mi boleto decía “MOSCOW”, no Calama, Temuco, Santiago, ni siquiera Buenos Aires o Madrid… decía Moscú.

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