Mi día en Moscú #ellaviajasola

12 02 2014

Un capricho, un simple capricho que me hizo muy feliz… mi viaje era a Asia, pero buscando pasaje a Shanghai me encontré con uno que me permitía estar todo un día en la capital de Rusia. Salí desde Frankfurt a las 22:35 y llegué a Sheremetyevo aproximadamente a las 05:00 del día 3 de febrero. Son unas diez horas de vuelo y tres horas de diferencia entre ambas ciudades. A esas alturas iba doblándole la mano al jet lag, iba avanzando en las horas junto con los vuelos. Sentía que me afectaba el cansancio pero no el cambio de horario. 

En el avión me tocó ir en la ventana, sin nadie al medio y una señora hacia el pasillo. El sobre cargo me dijo algo que no entendí y la señora le puso el cinturón de seguridad a mi mochila que la tenía puesta en el asiento del medio. La señora siguió haciendo cosas lindas por mí durante todo el vuelo. Yo viajé con un lumbago que tenía hace cuatro meses, ni pastillas, ni kine, ni nada me había servido. La señora se dio cuenta de mi sufrimiento y doblaba mantas para ponérmelas en la espalda. Cuando terminó el vuelo tomó un chocolate y me dijo “for you”. Puede ser algo súper simple, pero el amor por los seres humanos se eleva a mil cuando te tratan bien.

 

Los chilenos no necesitamos VISA para Rusia

Llegué a Sheremetyevo –Terminal D- sabiendo que los chilenos no necesitamos VISA para Rusia, lo que es muy bueno porque es bastante cara (http://www.chile.mid.ru/Consular/visas_01.htm). Me dirigí a policía. El chiquillo vio mi pasaje y dijo que fuera a la sala de conexión, yo le dije que no porque estaría como 16 horas esperando mí vuelo y pretendía pasarlas visitando su linda ciudad (con sonrisa de viajera feliz, aunque moría del cansancio). Algo me dijo, en ruso, tomó mi pasaporte y me preguntó por la VISA. Yo, con mi mejor sonrisa –nuevamente-, le dije: no necesito visa para entrar a su país”. Puso cara de no creerme. Sacó una hoja toda arrugada del bolsillo de su camisa, comenzó a leer varias veces y efectivamente encontró que los chilenos no necesitamos VISA a Rusia. Tenía cara de “que habrá pasado entre Rusia y Chile que estos no necesitan VISA”. Me dijo algo en ruso y me dejó pasar.

Aún era de noche. Comencé a caminar hacia un café que había visto en el primer piso, pero antes de eso tenía que hacer algo. Fui a la puerta de salida hacia la calle. Salí. Después de un primer choque con el frío, grité estoy en Moscú!!!!”. Saqué fotos y entré nuevamente al aeropuerto. Instagramié el momento. 

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Cada vez que entras por una puerta del aeropuerto debes pasar por el detector de metales, por lo que me tuve que sacar todo, pero valió la pena. Como mi maleta grande iba directo a Shanghai, me aseguré de llevar en la mochila todo lo necesario para estar un día completo en Moscú.

Me fui al Costa Coffee a tomar algo para despertar. Hay Internet gratis en varios sectores del aeropuerto. Puedes estar conectado todo el día si quieres, al menos, cuando yo estuve no había límites de tiempo. Luego decidí dormir un rato, me fui a acomodar a unos asientos que como en todo aeropuerto son lo más incómodo del universo. Definitivamente a los gerentes de aeropuertos no les gustan los viajeros que deben hacer conexiones. Dormí hasta pasado el mediodía y me fui a buscar una ducha, encontré pero tenía que esperar porque el encargado andaba no sé dónde, así es que me fui.

Había bajado un traductor al iPhone –iTranslate-, por el que pagué US$4,9 por tres meses para que tradujera; escrito y fonética. Mi iPhone me hablaba y yo le hablaba a él, como buena viajera “solitarista”. No sé si existe esa palabra pero me parece mucho más adecuada que “solitaria”. Antes de irme a Moscú ciudad, comencé a traducir cosas clave para poder llegar hacia donde quería; hola, por favor, gracias, Belorusskaya (estación de metro donde debía llegar), Plaza Roja, Kremlin. Me fui caminando hacia el otro extremo del aeropuerto (unos 10 minutos), había señalética que indicaba como llegar al Aeroexpress (Аэроэкспресс), que es el tren que tomas para llegar hasta la estación de metro Belorusskaya, donde haces combinación hasta la estación Ploshchad Rvolyutsii que es la más cercana a la Plaza Roja.

 

Ojo que nada está en inglés!!!!

Llegar al aeroexpress y comprar pasaje (ida y vuelta) no fue nada difícil. Cuando llegas al final del trayecto en tren debes salir de la estación, caminar por la calle y luego entrar a la estación de metro.

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Lo complejo vino cuando llegué al metro y me di cuenta que nada está en inglés, en ninguna parte, ni siquiera la gente habla inglés. Llegué a la estación y decía esto “Белорусская”, eso significaba Belorusskaya, o sea, no tenía idea donde debía ir. Quizás me angustié un poco pero porque tenía solo un día para recorrer y no podía darme el lujo de perderme. Comencé a usar lo poco de ruso que había memorizado y a repetir como loro “Krassnaa Plosad” (que es la forma de pronunciar Plaza Roja).

Una señora que parecía sacada de la antigüedad, con unos bigotes que no olvidaré jamás, me tomó el brazo, me hizo subir y bajar escaleras, entrar a pasillos, recorrer, mientras me hablaba, hablaba y hablaba y yo solo sonreía nerviosa porque no entendía nada. Finalmente me dejó de frente a donde debía tomar el carro que me llevaría a “Krassnaa Plosad”. Yo me deshice en “spacibo” (gracias) para ella, hace rato que no quería tanto a los seres humanos, y las mujeres rusas me estaban ayudando a recuperar ese sentimiento.

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Llegué a Ploshchad Rvolyutsii, que en realidad era Площадь Революции. Para saber los nombres de las estaciones tuve que tomar fotos de las redes de metro en ruso e ir comparándolas con mis mapas en inglés, además, de ir contando las paradas tratando de no desconcentrarme. Salí del metro y seguía nevando, le pregunté a unos policías por la Plaza Roja y con el brazo me señalaron algo, finalmente tuve que descubrir todo por mi misma. Existe un cartel que dice “información turística” pero por más que la busqué no la encontré. Ya estaba caminando por la plaza pero no lo sabía, solo lo confirmé una vez que tuve la Catedral de San Basilio frente a mí.

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Llovía y nevaba. Me comencé a encaminar hacia el Kremlin o donde yo suponía que estaba. Traté de entrar por montón de lugares, le preguntaba a la gente pero nadie me daba alguna referencia que me ayudara. Cuando ya estaba absolutamente mojada, los pies helados, la cara congelada y sin ánimo de nada, encontré la entrada, está en lo alto de un puente pequeño. Me costó 350 rublos (US$10 aprox). Mucha nieve acumulada. Hacía que todo se viera bello, fui a todos los edificios.

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Cuando terminé de pasear, me fui hacia la Plaza Roja de nuevo por última vez (quizás de la vida), tomé muchas fotos, compre muñequitas rusas en la calle y me devolví hacia el aeropuerto. Nuevamente una señora me tomó del brazo y me guió por todos lados, para poder llegar a Belorusskaya y tomar el aeroexpress de vuelta al aeropuerto. Este tren tiene wifi gratis #priceless.

Una cosa que me llamó la atención fue lo lindas que son las mujeres y lo mal cuidado de los hombres. Ellas usaban tacos aguja altísimos en la nieve, lo más incómodo del mundo pero andaban de lo más normal. Ellos con barrigas gigantes. Cuando hablo de “las mujeres” o “los hombres” de tal lugar obviamente me refiero a la mayoría, o a lo que yo tuve la oportunidad de ver. Uno habla de lo que conoce.

Una vez de vuelta en el aeropuerto me compré calcetines para cambiarme, los míos estaban estilando. Me fueron útiles todas las siguientes semanas ya que en China también sería invierno y con temperaturas más bajas aún. Me encanta el invierno, creo que sería feliz viviendo en un país helado, más que en uno caluroso. El calor no me deja funcionar.

Luego de haber tenido una jornada fría y angustiosa en Moscú pero con saldo absolutamente positivo, me iba a China. Próxima estación: Shanghái.

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One response

5 03 2014
josecoronado

Siempre he querido ir a Moscú porqué me causa mucha curiosidad y por mi abuela que siempre me dice que vaya y le traiga fotos porque le gusta la historia de los Zares Rusos.
me gustó la palabra “solitarista” no se si existe pero suena alguien que además de viajar solo promueve el estilo.

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